Rotorua – Taupo – Turangi

Hoy toca ponerse en ruta temprano (bueno, todos los días toca eso). Salimos del hotel sin desayunar, que para algo nos hemos comprado ayer las galletas y otras ‘chuches’.

La primera parada es el bosque de Whakarewarewa… es un bosque ‘artificial’ (con árboles traídos de fuera de NZ) de tamaño descomunal. Entre otras cosas, hay sequoias… con ‘sólo’ 200 años ya tienen un tamaño impresionante. Está muy cerquita de Rotorua, así que merece la pena acercarse o hacer una parada.

El bosque es tan denso que apenas entra la luz del sol… y así han quedado las fotos, que ni se ven los árboles :-) .

En Whakarewarewa nos hacemos una ruta circular cortita… de más o menos una hora, pero con algún tramo bastante empinado. La ruta llega hasta un mirador y baja de nuevo al aparcamiento (porque sí, señores, todo en NZ tiene un cómodo aparcamiento para dejar el coche y un centro de visitantes para informarse -aunque, en este caso, estaba todavía cerrado… así de madrugadores somos).

El bosque tiene un toque primitivo… sobre todo por los enormes helechos (“fern”) con forma de palmera. Hay varios tipos de helecho, pero el que aparece en todas las tiendas de souvenirs, camisetas, logotipos de empresas (y de los ‘All Blacks’) es el silver fern. No es difícil de encontrar ni de identificar, incluso para unos ‘botanic dummies’ como nosotros: la parte de arriba de la hoja es verde, como todas, pero el reverso tiene un tono plateado. Por eso los maorís lo usaban para señalar el camino de regreso al poblado cuando oscurecía… simplemente iban arrancando hojas de helecho y dejándolas en el suelo del revés… como si fuesen miguitas de pan y ellos unos Hansel y Gretel.

La anécdota del día fue un ‘lemur’ que nos encontramos tirado en mitad del sendero. Primero nos asustó ver semejante bicho. Luego nos hizo gracia y le sacamos fotos. Al final, dedujimos que no era un lemur, si no un ‘possum’ (zarigüella) y que el pobre estaba moribundo. Y es que por aquí no los aprecian demasiado… los consideran una plaga llegada de Australia y tienen NZ llena de trampas contra ellos.

Desde el bosque nos fuimos al Wai-O-Tapu, otro parque termal mucho más grande que el de Te Puia y bastante diferente.

Llegamos con el tiempo justo de ver en acción el geiser Lady Knox (todos los días “entra en erupción” a las 10:15… al parecer le añaden algún tipo de jabón para provocar el espectáculo). Esto es gratis -es decir, nadie pide tickets de entrada-, aunque el acceso no está señalizando y la ruta se transmite “por tradición oral” cuando compras la entrada al Wai-O-Tapu.

La verdad es que, después de ver el Prince of Wales en Te Puia, este tampoco impresiona mucho… es un surtidor aislado rodeado de un anfiteatro. Nada que ver con Te Puia, dónde el geiser está en una cascada de aguas sulfurosas y con nubes de vapor rodeándolo… La ventaja es que el Lady Knox es predecible… nosotros vimos el Prince of Wales lanzando chorros de agua continuamente cada pocos segundos, pero el Pohutu -que normalmente estalla al mismo tiempo- se quedó dormido.

Lo bonito, y muy impresionante, es el parque de Wai-O-Tapu. Hay tres rutas, cada cual mayor que la anterior para ver el parque… la más larga dura (creo) 1 hora y media… aunque nosotros la hicimos en 3 horas… ¡así somos!

No es una caminata difícil, pero está llena de cosas curiosas… cráteres humeantes, piscinas de lodo burbujeante, lagos con aceite flotando, piscinas con orillas coloreadas por los minerales que arrastra el agua hirviendo, terrazas originadas por las últimas erupciones (si, estuvimos caminando sobre un volcán activo… el mismo crater en el que está construido Rotorua) y sobre las que corre una fina capa de agua…

Casi cierran el parque con nosotros dentro. Bueno, no tanto… pero nos entretuvimos bien. Las fotografías de la Champagne Pool nos llevaron lo nuestro, porque el viento traía todos los vapores sobre nosotros. Y al final nos encontramos con la Laguna Verde… y, cómo todo el mundo sabe, es el color favorito de Paula…

De ahí nos pusimos camino a Taupo. Por el camino descubrimos las Huka Falls… unas cascadas no muy altas pero impresionantes por la fuerza del agua, que ha excavado un pequeño cañón y por el color azul de las aguas. Para los que vayan con más tiempo, hay excursiones en AquaJet que suben por el rio hasta las cascadas… aunque no sé muy bien desde dónde…

Taupo es una ciudad muy ‘curriña’ construida a la orilla del lago del mismo nombre. Al contrario que muchos otros pueblos que hemos atravesado y atravesaremos, es algo más que una sucesión de casas a la orilla de la ‘highway’ (ejem, en España… carretera nacional… ¡y gracias!).

Una calle muy interesante está hacia la mitad del pueblo. Tiene varios restaurantes y tiendas de invierno (muy útiles… nosotros nos compramos guantes, que los habíamos olvidado en Madrid). Parece ser que es una ‘base de operaciones’ para la gente que va a esquiar por esa zona… Lástima no tener tiempo.

Comimos en la misma calle, en un restaurante-delicatessen llamado Salute… Aunque llegamos demasiado tarde para tomar comida a la carta, los platos preparados no estaban malos. Paula probó una Pasta con Chorizo (aquí les va mucho el chorizo… escrito igual pero hecho muy distinto… parece más bien una salchicha). Yo tomé algún tipo de sandwich.

En cuanto a la parte “delicatessen”, la tienda tenía productos selectos de importación como aceite de oliva (español y no), además de productos ecológicos neocelandeses. Nosotros compramos, para hacer la prueba, unas patatas fritas hechas a mano por un tal Larry…

Bordeando el lago llegamos a nuestro hotel (bed & breakfast, en realidad)… el Tui Lodge.

La pareja que lo lleva resultó ser muy maja y nos contó mil cosas sobre la pesca de la trucha. Ian (el marido) se dedica a ser guía de pesca, así que sabe un montón. También pinta cuadros… nosotros le felicitamos, pero fue más que nada para quedar bien… aunque malos no eran. Ella (Frances) parecía una pobre esposa resignada… cambiaron su estilo de vida de granjeros en la costa a dueños de un Bed&Breakfast y guías de pesca en el interior porque la pesca es la pasión de Ian y “le afectó la crisis de la mediana edad”, según Frances.

La casa es curriña, con dos livingrooms separados: uno para invitados y otro para la familia y los desayunos. En la parte de atrás tiene un jardín/huerto grandote y bien cuidado… Además, por estar de luna de miel, en nuestra habitación teníamos un vino espumoso, copas y “ladrillos” de chocolate (que buenos estaban, por cierto).

Por cierto, para los que le guste la pesca… el río está cruzando la carretera y “tiene la mejor temperatura para la trucha”.

Para cenar, nos fuimos al restaurante del Parklands Motor Lodge (que está doblando la esquina… pero qué esquinas). Nada que destacar sobre la comida…cosas rápidas, todo muy frito… A mi me sirvió para aprender que todo lo “mashed & fried” es “estilo croqueta” y no volver a pedirlo nunca más (huid del seafood basket, aunque sea un plato fijo de la carta…).

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